DESDE BRIGADOON

25.7.2017

 

 

 

En respuesta a Marías:

 

Leo en la prensa y en las redes comentarios y artículos vertidos por algunos grandes de la literatura española como son Pérez-Reverte y Marías acerca del momento político que vive Catalunya. No puedo sentir más que estupor e indignación al leer sus opiniones, puesto que me parecen absolutamente fuera de lugar y lo peor y más triste de todo, rayando e incluso superando, la línea de la falta de respeto a una gran parte del pueblo catalán. Solo hay que ver artículos como “Regreso a Brigadoon” de Javier Marías en El País, por citar un claro ejemplo.

 

En dicho artículo, se hace preguntas del tipo “¿Cómo puede haberse persuadido al 47% de una sociedad evolucionad del siglo XXI de creer en los cuentos de hadas?” o afirmaciones del tipo “…pero hace unos años habría apostado a que en Cataluña había menos tontos y pueriles y cerriles que en muchos otros sitios.” Me sorprende que alguien con la cultura de Marías sea tan estrecho de miras. Puedo entender opiniones y posturas contrarias a quien siente el deseo de cambiar el estatus político de Catalunya creando un nuevo estado, pero nunca entenderé, señor Marías, que a cambio no se tenga una opinión rigurosa que contrarreste esta postura y no sea la basada en el tradicionalismo y el conformismo. Me choca de igual forma, que no tenga la capacidad de pensar que igual ese 47% que usted señala (curioso porcentaje el suyo, imagino que basado en alguna encuesta de algún medio) tal vez no estén persuadidos por nadie en concreto, o tal vez lo estén por la incapacidad de legislar dignamente y con coherencia de la clase política que gobierna en este momento en España con ayuda de sus aliados políticos. Que el pueblo catalán se siente cansado y frustrado por la incompetencia, la falta de recursos de los legisladores, así como por la impotencia de ver que una parte del pueblo español, que al final es quien otorga el poder a estos, no esté por hacer una revolución que expulse a estos politiquillos de poca monta instalados en la autocomplacencia, el conservadurismo y la nula capacidad de afrontar problemas, y mucho menos de trazar una línea o un proyecto de país diferente, adaptado a la sociedad y tiempos actuales.

 

Pues sí, señor Marías, tengo malas noticias para usted, la sociedad catalana, ni está persuadida en la forma que usted lo expresa, ni son tontos, ni pueriles, ni cerriles, más bien todo lo contrario, la catalana es una sociedad con amplitud de miras, antes y ahora, y opiniones como la suya no hacen más que refrendar el sentimiento de este pueblo, aún con más ahínco si cabe, un pueblo que tiene el deseo de querer remover y cambiar las cosas para que el presente, y sobre todo el futuro, de una u otra forma, sean diferentes. Tal vez estén equivocados, tal vez no, nadie tiene en sus manos la verdad absoluta, ni usted, fíjese, pero en todo caso, admiro y me identifico plenamente con el inconformismo de esta sociedad y me siento orgulloso de ella, porque solo por tener la valentía de querer revolucionar el orden establecido por una clase política retrograda, ya es motivo más que suficiente como para valorarlo y respetarlo.  

 

Mírese el ombligo, señor Marías, sus argumentos son muy pobres, sus palabras pueden ser muchas, pero se reducen a que Catalunya terminaría vagando por el espacio por los tiempos de los tiempos, y eso está más que oído, es un argumento muy triste si su pretensión es disuadir a quien piensa diferente. Lo que resulta extraño y a todas luces inconcebible, es que de personas de las que cabe esperar opiniones con cierto criterio, palabras que como mínimo hagan reflexionar y hasta puedan servir para buscar salidas a la situación, acaben repitiendo ese mismo discurso tan rancio, pasado de tiempo y sin contenido. Porque, señor Marías, ¿ha pensado que igual es usted quien todavía cree en cuentos de hadas? 

 

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