LA MUÑECA DE KAFKA


Quiero contaros una emotiva historia sobre Kafka que narra muy bien Paul Auster en su novela Brooklyn Follies. Transcribo un fragmento del relato:

“Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades...”


Ciertamente, y para ser justos, no hay pruebas fehacientes de que la historia sea verídica (pese a que Auster afirme lo contrario) puesto que no se han encontrado las cartas que lo demuestren.

Cuentan que Kafka estuvo tres semanas cumpliendo el compromiso adquirido, sacrificando su preciado tiempo escribiendo cartas a la niña, unas cartas que, según Dora, estaban hechas prestando suma atención al detalle, con una prosa amena, precisa y absorbente, con su estilo característico. Durante las tres semanas, Kafka acudió puntualmente al parque a leer las cartas a la niña. Poco a poco, fue preparándola para el momento en que la muñeca desaparecerá de su vida para siempre. Para conseguirlo, exploró diversas ideas, decidiendo finalmente casarla. Describió con detalle a su joven enamorado, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vivía con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despedía de su antigua y querida amiga. En ese momento, la niña ya no la echaba de menos, Kafka había conseguido, con su historia, aliviar su desgracia, introduciéndola en un mundo de fantasía creado exclusivamente para ella.


Personalmente, me reconforta creer en la historia, en cómo Kafka es capaz de priorizar por encima de otras cosas, seguramente mucho más importantes en su vida, el hecho de complacer y consolar a una niña desconocida. Una demostración, casi mágica, de que es posible vivir, aunque sea por unos momentos, en un mundo imaginario donde la realidad deje de existir o esta se convierta en la que tu determines.

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