DISTOPÍA


Camino en sentido ascendente por la rampa que da acceso al río. Hace breves minutos he dejado el cadáver del guardia tirado entre los matorrales y las cañas de los márgenes. No he perdido el tiempo en esconderlo, quiero que lo encuentren. Con suerte saldrá en el noticiero de la mañana. Se lo tenía bien merecido. Él y todos los que participan en este macabro sistema que tanto nos oprime.

Esta vez ha sido fácil, perfecto en ejecución. He bajado al río en horas prohibidas, me he agazapado entre el cañaveral y he hecho luces intermitentes con mi pequeña linterna. Ha tardado poco en aparecer. A estas horas, el número de guardias es menor. Para cuando adviertan que su compañero ha desaparecido ya estaré en casa.


Acabo de llegar. Cojo mi smartphone y me conecto a la red del clan de los salvadores. Escribo los símbolos en clave. Al momento me llega el acuse de recibo. Me tumbo a disfrutar de mi acto de justicia.

Al cabo oigo golpes en la puerta, abro el cajón de la mesita y saco la píldora…



*Relato para el concurso #crimenperfecto de Grupo Tierra Trivium.

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